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  • Salvador Moreno-López

Sin sentimientos, por favor

––Sin sentimientos, por favor, dijo Raúl con voz fuerte y decidida. ––A mí no se me da eso de sentir. Yo aprendí a pensar y a analizar, la lógica es mi fuerte. No me pidas que sienta porque de eso no sé. Así que ¿cómo le vamos a hacer? agregó en tono retador.


Hice una pausa para sentir y percatarme de cómo resonaba en mí su expresión. ¡Nada de sentimientos, sólo pensamientos! Y yo que estoy convencido de que los sentimientos y algunas sensaciones juegan un papel fundamental en los procesos de cambio personal y en una vida plena y satisfactoria ¿Qué hacer entonces?



Recordé que algo importante en los procesos de ayuda es atender a cada persona desde donde está, con sus posibilidades y sus temores, y que esto hay que verificarlo con cierta frecuencia. De nada sirve forzarse o presionarse para sentir o hacer algo para lo que uno no está listo todavía.


Así que comenté: ––entonces empecemos desde ahí, desde tus pensamientos y explicaciones, ¿a qué crees que se deba esa insatisfacción generalizada que sientes en tu vida? ¿Qué pasará que no puedes dormir bien y estás irritable y distraído? Pareció desconcertado por mi pregunta. Él esperaba que yo le diera las explicaciones no que le preguntara. Esperé en silencio, mirándolo y acompañándolo.


––No sé, me dijo. ––No sé. Supongo que lo he aprendido, lo viví en mi familia. Ahí no se expresaban mucho los sentimientos, ni se les reconocía. Lo importante eran las ideas, los datos, la información. ¿Los sentimientos? ¿Eso para qué? Sólo te estorban para pensar bien, decían. Ya ves lo que ocurre cuando te dejas llevar por los sentimientos, nada bueno sale de eso.



Escuché con atención, reconociendo en sus palabras algunas creencias muy difundidas culturalmente, por ejemplo:


“Pensamos mejor sin sentimientos, así podemos ser más objetivos,

No dejes que las emociones nublen tu mente,

Los sentimientos no son una guía confiable en tu vida cotidiana; así que, ¡aprende a controlarlos, a manejarlos, para que ellos no te controlen a ti!


Al escuchar lo que Raúl decía, atendía también a su voz y expresiones corporales para captar cómo se sentía mientras hablaba. Es valioso notar que en ocasiones puedo reconocer algunas emociones de la otra persona, aunque ella no se percate en esos momentos de sus sentires. Y no es que sea adivino, ella las muestra con sus expresiones corporales y su voz, y yo las capto con mi conciencia corporal.


––Y ¿cómo te sientes viviendo así? Sólo pensando, sin sentir... ¿Alguna vez te da gusto algo o te sientes realmente contento? ¿Disfrutas de lo que haces? ¿Cómo es para ti contemplar una puesta de sol?...


––No lo sé, me dijo con cierto tono de tristeza que alcancé a notar en su voz. ––No lo sé. Tal vez por eso no soy feliz, parece que nada me entusiasma, nada me emociona, todo es igual... y ¡no! No todo es igual, pero nada me llena, nada me satisface realmente.


––Y ¿cómo crees que sería tu vida si recuperaras tus sentimientos, si te dieras permiso de sentir?

––¡Ni idea! Nunca lo he hecho, ni sé cómo hacerlo.


––¿Quisieras intentarlo?... ¿Explorar alternativas para reconocer lo que sientes, momento a momento, en tu vida diaria?...



Hice una pausa y continué: ––entiendo que te han dicho muchas veces que los sentimientos pueden ser peligrosos y destructivos, malos y negativos. Lo que tal vez nunca te dijeron es que también pueden ser constructivos y llenar de vitalidad, entusiasmo, gozo y alegría tu día a día; que son necesarios para dar colorido a tus relaciones con otras personas e incluso pueden impulsar tu creatividad.


Raúl parecía extrañado. Pensé que dudaba entre creerme o no. Había algo atractivo en mi propuesta y al mismo tiempo consideraba riesgoso apartarse de sus viejas creencias.


Finalmente exclamó: ––Está bien ¡voy a intentarlo!