La influencia de la Conciencia Corporal en la efectividad de los procesos terapéuticos
- Salvador Moreno López

- 20 jul
- 3 min de lectura
Para que una persona pueda avanzar en su proceso terapéutico, es fundamental que encuentre una relación en la que se sienta segura, cuidada, respetada y comprendida. Cuando estas condiciones están presentes, se crea un espacio de confianza que favorece la exploración profunda de las propias experiencias, emociones y problemas de la vida.

Las consultantes suelen expresarlo de distintas maneras. Recuerdo las palabras de una de ellas:
“Creo que nunca en mi vida me había sentido así. Al menos no lo recuerdo. Siempre había juicios, regaños o indicaciones sobre lo que debía hacer, pero no me escuchaban. Aquí me siento segura.”
En un campo relacional como éste, la persona puede dirigir su atención hacia su experiencia vivida sin temor ni defensas. Y es precisamente desde esa atención donde suelen surgir comprensiones corporalmente sentidas, nuevas y significativas.
En una sesión, la consultante me dijo:
“Siento algo aquí, debajo del diafragma. Es una tensión muy molesta, como si hubiera algo ahí que no logro identificar...”
Guardó silencio unos momentos mientras permanecía atenta a esa sensación corporal.
“Ya sé qué es”, expresó finalmente. “Hay algo importante que necesito decirle a una persona cercana y no lo he hecho. Lo había olvidado, pero ahí está.”
Le pregunté entonces:
“¿Cómo se siente ahora esa tensión al reconocer este pendiente?”
Después de una breve pausa respondió:
“Ha disminuido mucho. Ahora siento alivio.”
Este es un ejemplo claro de cómo el cuerpo puede revelar asuntos importantes que aún no han alcanzado un nivel plenamente consciente. Cuando prestamos atención a lo que sentimos corporalmente, se abren nuevas posibilidades de comprensión y cambio.

Atender al cuerpo vivido es una práctica profundamente valiosa en los procesos de transformación y cambio personal. Nos permite acceder a dimensiones de la vivencia que van más allá de lo evidente o explícitamente pensado. Es una forma de ampliar la escucha hacia nosotros mismos para descubrir qué necesita atención y cuál es la mejor manera de responder a ello.
Como terapeuta, la Conciencia Corporal me ayuda a comprender con mayor profundidad a las personas que acompaño. También me brinda recursos para encontrar intervenciones creativas y pertinentes en aquellos momentos en los que el proceso parece estancarse. Sin embargo, su verdadero valor sólo puede apreciarse plenamente cuando se experimenta de manera directa.
El Focusing y la Filosofía de lo Implícito de Eugene Gendlin han enriquecido significativamente mi práctica profesional. Gracias a estas perspectivas, he podido fortalecer mi manera de comprender los procesos de cambio y contar con criterios sólidos para integrar recursos técnicos provenientes de distintos enfoques, más allá de un eclecticismo.
Al final, toda práctica terapéutica está sustentada por una visión filosófica, epistemológica y ética que orienta nuestra forma de comprender a las personas, construir conocimiento y establecer relaciones de ayuda. Esa visión influye no solo en las teorías y técnicas que elegimos, sino también en la manera en que nos vinculamos con quienes acompañamos.
Por ello, vale la pena preguntarnos:
¿Cómo se manifiesta mi visión filosófica sobre el ser humano en mi práctica clínica? ¿De qué manera mis valores, historia personal y experiencias influyen en las teorías, técnicas y formas de relación que elegimos al acompañar a tus consultantes?
Estas preguntas pueden abrir un espacio de reflexión profunda sobre la coherencia entre quiénes somos, cómo comprendemos el cambio y cómo ejercemos nuestra labor terapéutica. Y la Filosofía de lo Implícito de Eugene Gendlin nos orienta e invita a ir hacia adelante.



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