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Al principio, no hay palabras...


"El poder sutil de la Voz, Los Gestos y los Silencios revelan más que las palabras"


salvador moreno lópez


Al principio no hay palabras, sólo voz/sonidos, gestos, movimientos, silencios y miradas.

La expresividad de los bebés sanos es rica en facetas e intensa y variada en modos de expresión… y no tienen palabras


 

Para quienes cuidan y se relacionan con niños y niñas menores de un año es todo un reto y una invitación para captar, sentir y comprenderlos a través de sus modos de expresión: gritos, balbuceos, diversos sonidos de llantos diferentes, sonrisas, movimientos de sus manos y piernas, silencios, quietitos sin moverse, con brillo en su mirada, viéndonos fijamente con diversas expresiones…

 

¿Cómo podemos comprender a estas personitas, con esa expresividad, si no es sintiéndolas?...

 

Y sin embargo muchas personas adultas se sienten nerviosas, desconcertadas, desorientadas porque ¿cómo las van a entender si no hablan?...

 

-         “Pero ¿qué quiere decir?” casi gritaba una señora desesperada al oír el llanto de su bebé. Me tardo mucho en adivinar qué tiene y mientras está llore y llore”.

 

Otra señora del grupo la escuchaba con paciencia y con una sonrisa amable, como quien sabía muy bien a qué se refería su compañera de grupo.

 

-         “Así estaba yo al principio, le dijo… o peor que tú. Sentía que me volvía loca, o que era una mala mamá, incompetente, incapaz…

 

Hasta que empecé a venir a estos grupos descubrí que hay otros modos de escuchar y comprender, y que las palabras no son indispensables en la comunicación emocional y de algunas necesidades personales.   

 

Al principio no lo creía, o se me hacía muy difícil. Yo estaba muy acostumbrada a basarme en las palabras para comunicarme. Y entonces, sin palabras. ¿cómo le iba a hacer?...

 

-         “Presta atención a lo que sientes, me dijeron. Mas no sólo a las emociones, sino también a las sensaciones en tu cuerpo. Reconoce tus emociones, tu sentirte frustrada, desconcertada, perdida, y hasta desesperada. Pero no te metas en ellas, no entres a su remolino porque te atrapa y estarás dando vueltas y vueltas sobre lo mismo.

 

-         “¿Cómo se hace?” preguntaba, “¿Cómo evito caer en el remolino de mi emocionalidad?” …

 

-         Lo fui aprendiendo después con diversas actividades que realizamos en el grupo. Por cierto, lo he vivido como una gran liberación de estrés y angustias innecesarias, porque esas emociones no me ayudaban a entender a mi bebé; al contrario, lo hacían mucho más difícil.

 

-         Luego, pasamos a otras actividades. Con un estado de ánimo más tranquilo, ahora me invitaron a escuchar al bebé cuando lloraba, sin tratar de responder de inmediato, sino dejándome sentir en mi cuerpo sus expresiones a través del llanto, sus gestos y movimientos. Ahí estaba con él mirándolo, escuchándolo y sintiéndolo. Descubrí con sorpresa que efectivamente surgían en mí diversas sensaciones más allá de las emociones. Y, además, que esas sensaciones eran diferentes según el momento y las circunstancias en las que el bebé lloraba.

 

-         Como lo había comentado otra compañera del grupo y el facilitador, empecé a identificar, a través de sus modos de llorar y moverse, cuándo tenía sueño, cuándo cólico, cuándo hambre, cuándo estaba cansado. Ahora que he llegado hasta aquí, todo esto parece muy obvio. Y, sin embargo, no lo fue.

 

-         Alguna vez leí sobre los aspectos no-verbales y paraverbales de la comunicación y por supuesto que estuve de acuerdo. Me resultaba claro que esos elementos (voz, gestos, movimientos, posturas, silencios, miradas) juegan un papel importante en la comunicación. Sin embargo, al querer tomarlo en cuenta en una situación concreta ya no me fue tan fácil. Me hacía falta una práctica que, desde lo vivencial, me mostrara cómo atenderlos y cómo responder a ellos.

 

La voz, los gestos, los movimientos, las posturas, los silencios y las miradas son expresiones directas de nuestros sentires emocionales y de nuestras vivencias. Ciertamente que pueden simularse y esconder, en ocasiones, lo que realmente expresan. Sin embargo, en situaciones relacionales donde buscamos una comunicación, clara, directa y comprensiva, atender, comprender y responder a estas diversas expresiones corporales se vuelve de mucha ayuda y valor.

 


Un gran reto y oportunidad son, sin duda, el tomar en cuenta estos aspectos también en la comunicación interpersonal entre adultos. Aquí tal vez la dificultad sea mayor, si queremos resolverlo y comprenderlo todo sólo con las palabras.

Muchos problemas de incomprensión y comunicación defectuosa en las relaciones entre parejas, padres e hijas, madres e hijos, amigos y amigas, compañeros y compañeras de trabajo, por ejemplo, pueden generarse en la poca atención que les damos a estos aspectos corporales de nuestra expresión, o bien en la comprensión equivocada que tenemos de ellos.

 

En las profesiones de ayuda -psicología, psicoterapia, tanatología, enfermería, medicina, leyes, acompañamiento espiritual, etc.- me parece indispensable reconocer, atender, y entender adecuadamente estas facetas corporales de la comunicación, para comprender con precisión a los y las consultantes desde sus significados personales y emocionales, y así poder prestarles un servicio con calidad humana.  

 

 
 
 
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