• Salvador Moreno-López

FOCUSING: un Camino de Escucha, Encuentro y Expresión

Hace ya muchos años encontré el Focusing. Al principio con curiosidad y desconfianza; y también con la esperanza de abrir nuevas rutas en mi vivir y encontrar remedios para transformar mis males. Había algo atractivo que no alcanzaba a entender bien. Escucharte desde el cuerpo, desde ciertas sensaciones, puede ser un modo de generar cambios personales si las expresas y simbolizas con precisión. Leía y releía. Preguntaba y escuchaba a mi amigo con quien empecé este aprendizaje. A ratos creía entender y luego ya no.



Empecé a darme cuenta de los estorbos y dificultades que aparecieron en el camino. Quería soluciones rápidas, explicaciones claras, instrucciones precisas para generar los cambios buscados, controlar la dirección del cambio, etc. Y lo que desde el Focusing encontraba era: por ahora no trates de explicar, la solución llegará, los cambios ocurrirán, aunque muchas veces de modos diferentes a como los esperas, deja de tratar de controlar con tu mente, tu cuerpo sabe la dirección que te conviene...


Así que pasé una temporada de altibajos... dejaba y volvía... algo quedaba de curiosidad y alguna señal nueva aparecía que me indicaba que este es un camino que vale la pena seguir y explorar. Así que persistí, atendiendo a las dificultades y problemas, escuchando las preguntas y haciendo lugar para las dudas y los temores.


Descubrí que no había prisa por encontrar las respuestas. El primer paso era dar la bienvenida a lo que llegaba -las sensaciones, los sentimientos, la ideas, los recuerdos, las imágenes-. Que todo ello se sintiera acogido y bien recibido, con la certeza de que sería atendido y tendría su lugar. Aquí no excluimos a nadie, podría decir.


Luego, amablemente, les iba ubicando en un lugar imaginario en donde no me estorbaran y me dejaran un espacio despejado donde poder estar y moverme con libertad, amplitud y comodidad.


Haciendo estos espacios libres de problemas, pendientes y preocupaciones me di cuenta de que no tenía que estar cargando con ellos las veinticuatro horas del día, siete días de la semana. Ahora sé que puedo dejarlos a un lado y así estoy más atento y con energía para atender lo que toca, en el momento presente. ¡Qué alivio y qué sorpresa! Me canso menos y lo hago mejor.


Desde este espacio libre de problemas, empecé a atender a ciertas sensaciones en mi cuerpo. Esos sentires que parecen decirme algo, como cuando salgo de viaje y de repente siento “se me olivó algo... se me olvidó algo”. Y efectivamente, al prestarle atención a esa sensación, acabo descubriendo lo que olvidé. Y entonces, se relaja esa tensión que me avisaba del olvido y me siento liberado.


Aprender a invitar, reconocer y atender este tipo de sensaciones, que pronto supe que se llaman sensaciones-con-sentido, fue la siguiente dirección en mis aprendizajes. A través de diversas actividades logré aprender a reconocerlas, a hacerles un lugar para estar y a atenderlas con una actitud de aceptación, cuidado y amabilidad. No siempre fue fácil. ¿Cómo dejar estar una sensación que duele, que se siente muy tensa y apretada, que dificulta respirar bien, que parece un nudo en la garganta? Y además recibirla con amabilidad. Parecía un sinsentido, algo absurdo. Entonces hice otros descubrimientos importantes.


Desde la perspectiva del Focusing no excluimos nada de lo que sentimos y escuchamos los diferentes aspectos y matices de las sensaciones y de los sentimientos. Así empecé a identificar algunas paradojas que contravenían creencias y costumbres que tenía muy arraigadas. Mientras más excluyes, menos resuelves, por ejemplo. Sólo acompaña; no hagas nada más. Y entonces ¿esto va a cambiar sólo porque yo esté ahí acompañando sin hacer algo más? A veces hacer es un estorbo; y a veces no hacer promueve el movimiento en los procesos de cambio... otra paradoja.



Una vez que estoy con la sensación-con-sentido, que la he recibido y acogido con amabilidad, paso a dejar que esa sensación se exprese. A veces puede ser que la describa, en ocasiones que le pregunte si quiere expresar o decir algo. Lo importante es que desde la sensación misma surja un modo de expresión precisa, en el que la sensación se reconozca y cambie; así como al recordar que olvidé las fotos siento una liberación y alivio corporal.


Y realmente ¡qué alivio y qué sorpresa! cuando esto ocurre. Seguir la dirección que viene desde mi cuerpo es muchas veces un descubrimiento novedoso, encuentro algo a lo que no hubiera llegado pensando o analizando la situación. Así que mi sentir respecto a una situación se va transformando y empiezan a generarse nuevas alternativas.


Descubrir y aprender cómo escucharme desde mi cuerpo vivo, -mi cuerpoorganismo, me gusta decir-, y permitir expresarme desde ahí, ha sido un regalo maravilloso de la vida, y de Eugene Gendlin por haber descrito detalladamente este proceso y promovido el Focusing.


Por todo esto, para mí el Focusing es un Camino de Escucha, Encuentro y Expresión, en dirección de un Buen ConVivir.

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