• Salvador Moreno-López

Siento feo ¿para qué le pongo atención?

––Si lo que siento es tan feo ¿para qué me pides que le ponga atención? Yo lo que quiero es quitar esos sentimientos, deshacerme de ellos, dejar de estar angustiado, preocupado y triste. Quiero sentirme bien, estar tranquilo, contento, disfrutar de la vida. ¿Es eso mucho pedir?...


Le escucho y acompaño con atención. Lo sigo en el silencio dejándome sentir lo que él siente -o algo muy cercano a ello-.


––Me dices que les haga un espacio para que puedan estar. Y ¡no! ¡No quiero sentirlos! Cada vez es peor.


Empiezo a entender que ese modo cómo experimenta sus sentimientos, que se repiten una y otra vez como algo terrible que lo invade, que lo llena de dolor y desesperación, es realmente insoportable. En esa situación y perspectiva ¿cómo alguien podría querer atender a sus emociones y sentimientos?



––Te propongo una cosa, me atreví a decir. Vamos haciendo una especie de experimento, a ver si te ayuda. Identifica cómo te sientes y ve si puedes mirarlo/sentirlo desde cierta distancia... como si estuvieras frente a un río caudaloso y necesitas tomar distancia del borde para no sentir que el río te jala y te lleva. Toma la distancia que requieras para sentir y mirar al río con la confianza de que no te llevará... Fíjate si puedes hacer esto que te propongo, mientras estoy aquí contigo...


Me quedé en silencio otra vez, para esperar y darle tiempo, observando sus expresiones corporales y lo que desde ellas captaba de su sentir. No sabía si podría hacerlo o si de nuevo se sentiría inundado y en medio de un remolino.


Muy rápidamente recordé lo que otras personas -familiares, amigos, médicos- me han dicho muchas veces: ––No pienses en los problemas, ponte a hacer algo diferente, vete de vacaciones, da un paseo, escucha música, deja que se te resbalen, ya pasarán y un largo etcétera.


Siempre me sorprendí porque sabía que esos consejos, aunque bien intencionados, eran inútiles. En algunos casos, la distracción me alivió unos momentos, quizá unas horas pero luego volví a sentirme mal, los sentimientos dolorosos y desagradables regresaron con fuerza. Así que deseaba que Raúl pudiera hacer esta distancia entre él y sus sentimientos.



––Es difícil, dijo. Me asusta ser arrastrado por el río, se oye y se siente con mucha fuerza.


––Entonces, camina hacia atrás y ubícate más lejos del borde; tan lejos como necesites para sentirte seguro.


Después de unos segundos, la tensión de su cara se relajó y luego el resto de su cuerpo.


––¡Aquí, aquí estoy seguro! dijo en voz baja. Desde aquí puedo sentirlos sin temor a que me arrastren.


––¡Qué bueno! musité. ¿Ahora podrás poner atención en tu cuerpo por dentro y fijarte cómo se siente?... Sobre todo en el área del estómago, el pecho y la garganta... ¿Qué sensaciones identificas ahí aunque no les pongas nombre?...


Una pausa y un silencio más para dar tiempo a su exploración, sin prisas ni presiones. Esperar a que Raúl encuentre.


––Mi estómago está duro y mi pecho apretado. Siento un nudo en la garganta...


––Aquí estamos, le dije, acompañando a esas sensaciones que duelen y sufren...


––¿Cómo se sienten ahora? Pregunté después de un rato de silencio y compañía.


––Están mejor, respondió. Ya no son tan intensas, se han aflojado y relajado...


––Hagamos entonces otro rato más de compañía, que se sientan seguras y acogidas...



Al final de nuestra plática, Raúl se sintió más tranquilo y en paz. Sabía que aún quedaban algunas experiencias por atender y heridas por sanar. Al mismo tiempo reconocía que se habían dado cambios importante en dirección de su Bienestar.

Cuando atendemos con cuidado, paciencia y sin juicios eso que se siente feo, eso que duele, las sensaciones y las emociones cambian. Por ello vale la pena hacerles un espacio y tiempo para reconocerlas, valorarlas y dejar que se expresen.

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